Esta página pretende ser un poco como un botiquín de primeros auxilios.
En ella encontraréis ejercicios recomendados bien para rebajar la ansiedad,
para aumentar la resistencia a la misma, para evitar que aparezca mediante
técnicas de reestructuración cognitiva, etc. Quede claro que ninguna de estas
técnicas cura la ansiedad o la agorafobia (como tampoco puede curar
un psicólogo o un psiquiatra). La curación de este tipo de trastornos depende
básicamente de la actitud y las ganas de curarse de la persona. Las técnicas
ayudan a la persona a manejar su ansiedad o a evitar que aparezca o bien a
afrontar las situaciones que le generan miedo o ansiedad. Pero, finalmente,
será la persona la que deberá entrenarse y afrontar sus temores. Ni el mejor
de los terapeutas conseguirá nada sin la colaboración total del paciente.
Empezaremos por la clásica técnica de relajación de Jacobson. Esta técnica
nos enseñará a diferenciar claramente qué es tensión y qué relajación. Por
lo tanto nos enseñará como nosotros mismos podemos manejar nuestra tensión.
Como ya dijimos en la definición de agorafobia, el individuo tiende a
auto explorar sus sensaciones continuamente y a alarmarse ante cualquier síntoma
que relacione con el miedo, así que es más que probable que al realizar esta
técnica o cualquier otra aparezcan estados de ansiedad. Paradójicamente la
propia sensación de relajación puede angustiar a la persona al no reconocerla
como habitual en ella.
Bien, pues mejor. No se trata de que no se vuelva a sentir ansiedad en
la vida (cosa imposible incluso en personas "sanas") sino de acostumbrarse
a ella y a no tenerla por algo horrible o precursora de un infarto, pérdida
de conocimiento, locura o algo así. Con la práctica y el tiempo, la ansiedad
dejará de ser un problema y su aparición será cada vez menos intensa
y espaciada en el tiempo.
Bueno, pues vamos a ello.
Relajación de Jacobson:
Esta técnica consiste en tensar deliberadamente los músculos que se tensan
en una situación de ansiedad o temor para posteriormente relajarlos conscientemente.
Es muy buena para que con el tiempo y mucho entrenamiento lleguemos a estar
completamente seguros de que podemos relajarnos cuando queramos, incluso en
situaciones que ahora consideremos imposibles o a evitar a toda costa.
Practicar este ejercicio dos veces al día o antes de enfrentarnos a una
situación estresante nos ayudará a mantener un nivel bajo de ansiedad y a
perder el miedo a ciertas situaciones.
Postura de relajación:
Siéntese tal y como aparece en la figura "posición de relajación".
Cuando se encuentre cómodo, tense un grupo de músculos, trate de identificar
donde siente mayor tensión. Siga la secuencia siguiente: 1º tensar los músculos
lo más que pueda. 2º note la sensación de tensión. 3º relaje esos músculos.
4º sienta la agradable sensación que percibe al relajar esos músculos. Por último,
cuando tense una zona, debe mantener el resto del cuerpo relajado.
Empecemos por la frente. Arrugue la frente todo lo que pueda. Note durante
unos cinco segundos la tensión que se produce en la misma. Comience a relajarla
despacio, notando como los músculos se van relajando y comience a sentir
la agradable sensación de falta de tensión en esos músculos. Relájelos por
completo y recréese en la sensación de relajación total durante unos diez
segundos como mínimo.
Seguidamente, cierre los ojos apretándolos fuertemente. Debe sentir la
tensión en cada párpado, en los bordes interior y exterior de cada ojo. Poco
a poco relaje sus ojos tanto como pueda hasta dejarlos entreabiertos. Note
la diferencia entre las sensaciones.
Siga con la nariz y labios. Arrugue la nariz, relájela. Arrugue los labios,
relájelos. Procure que la tensión se mantenga durante unos cinco segundos
y la relajación no menos de diez.
Con el cuello haga lo mismo. Apriete su cuello tanto como pueda y manténgalo
tenso. Vaya relajando los músculos lentamente, concentrándose en la diferencia
entre tensión y relajación y deléitese en esta última.
Seguidamente, ponga su brazo tal y como aparece en el gráfico. Levántelo,
cierre el puño cuanto pueda y ponga todo el conjunto del brazo lo más rígido
posible. Gradualmente vaya bajando el brazo destensándolo. Abra lentamente
la mano y deje todo el brazo descansando sobre el muslo. Repítalo con el otro
brazo.
Haga exactamente lo mismo con las piernas.
Después incline su espalda hacia adelante notando la tensión que se produce
en la mitad de la espalda. Lleve los codos hacia atrás y tense todos los músculos
que pueda. Vuelva a llevar la espalda a su posición original y relaje los
brazos sobre los muslos. Vuelva a recrearse en la sensación de relajación
durante un tiempo.
Tense fuertemente los músculos del estómago (los abdominales) y repita
las sensaciones de tensión y relajación al distender los músculos.
Proceda de igual forma con los glúteos y los muslos.
Relajación estando de pie:
Una vez consiga la relajación de todo su cuerpo de la forma habitual y después
de haberla practicado durante varios meses intente relajarse de pie. Proceda
de la siguiente forma: Póngase de pie y mantenga la cabeza recta sobre los hombros.
Tense todo su cuerpo, apriete las manos a ambos lados del cuerpo, meta el estómago
hacia dentro y tense los muslos, nalgas, rodillas, etc. Después comience a relajar
los músculos desde la cabeza a los pies. De nuevo note la diferencia entre tensión
y relajación.
También debería de realizar los ejercicios de tensión y relajación de sus músculos tumbado.
Proceda tensionando los músculos y relajándolos tal y como
se indicó en el ejercicio de pie.
Consideraciones finales
Si durante los ejercicios de relajación se encuentra mal, no se preocupe. Interrúmpalos,
relájese y prosiga. No deje que las sensaciones desagradables sigan dictando
lo que usted ha de hacer. Su vida la dirige usted. Así que una vez relajado
prosiga con los ejercicios.
Si durante la relajación es interrumpido por un familiar, el teléfono
o lo que sea, no se preocupe, no ocurre nada. Simplemente déjela para otro
momento y diga que no se le moleste. Su salud es lo primero y debe de aprender
a ser egoísta en esto. Primero usted. Después todo lo demás.
Durante los ejercicios es posible que aparezcan pensamientos negativos.
Procure controlarlos (más adelante encontrará como) y siga con la relajación.
Los gráficos que acompañan estos ejercicios han sido extraídos del libro
"Técnicas de relajación" de Joseph R. Cautela y June Groden.
Editorial Martínez Roca. Son reproducidos en esta página por su interés terapéutico
sin que haya interés comercial alguno al usarlos.
Cambiando el pensamiento
Hemos aprendido a relajar nuestros músculos, a controlar nuestras sensaciones.
Ahora trataremos de hacer algunos ejercicios que nos ayudarán a controlar
nuestras emociones y nuestros pensamientos.
Alguno de ustedes habrá tenido ocasión de realizar tratamiento médico
o psiquiátrico sin psicoterapia o con psicoterapia equivocada. Habrá tomado
pastillas y, en principio, sabrá que dan resultado... durante un tiempo. Las
pastillas relajan valiéndose de complicados mecanismos fisiológicos y son
muy útiles acompañadas de psicoterapia.
Lo más probable es que hayan recaído y que hayan aumentado la dosis para
conseguir el mismo efecto. Esto es debido a que el hombre camina con dos piernas:
control de las sensaciones y control de las emociones. Si no aprendieron ustedes
a controlar estas últimas están caminando con una sola pierna.
Si a usted le asustan las aglomeraciones y se toma una pastilla para evitar
que se desaten los mecanismos de la ansiedad sin tratar de saber qué mecanismos
del pensamiento le llevan a tener ese miedo y corregirlos no está haciendo
más que enmascarar el problema. Si el mecanismo que desata ese temor sigue
ahí, volverá a tener ansiedad con o sin pastillas.
Técnicas de modificación del pensamiento (técnicas cognitivas):
Se sabe que la ansiedad nace ante un temor exagerado a ciertas situaciones.
También existe la hipótesis contraria según la cual primero son los síntomas
(taquicardia, vértigo, sensación de ahogo, sudoración, etc.) a los que sigue
un lógico temor a que se vuelvan a repetir. Probablemente sea ambas cosas,
a nosotros nos es igual.
Lo que vamos a tratar de hacer es desmontar razonadamente los pensamientos
que nos conducen al temor y del temor al pánico.
En primer lugar identifique cuáles son este tipo de pensamientos. Imagine
que está en un supermercado. Si tiene agorafobia lo más probable (aparte
de evitar ir al supermercado) es que usted tenga pensamientos de este tipo:
"por ahora estoy bien, pero quién sabe dentro de cinco minutos",
"estoy empezando a ver las cosas raras", "me mareo, no llegaré
a la salida". Bien, ya está usted fuera. Felicidades.
Ha conseguido huir y... fortalecer sus mecanismos de huida y en
consecuencia ha dado de comer a su agorafobia. Esto es lo que jamás debe de
hacer.
Ahora trate de razonar sus miedos (múltiples en el caso de la agorafobia).
Si está en un supermercado, ¿qué es lo peor que podría pasar?:
- Que me dé un ataque al corazón: Falso. Está demostrado científicamente
que para que eso suceda debe haber algún tipo de lesión grave en el corazón
o las arterias. Si usted se ha realizado algún chequeo y ésta no aparece y
no tiene el colesterol alto, sobrepeso, es fumador, bebedor y hombre, no tiene
por qué temer que le dé.
Debe usted saber que el estrés es el último factor en importancia y debe
de ir unido a los anteriores para terminar en un infarto. Es más, las
constantes subidas y bajadas de pulsaciones de una persona con ansiedad ejercitan
el corazón y lo hacen más fuerte. Así que no tema esto ni lo utilice como
excusa para evitar algo.
- Que me desmaye: Falso de nuevo. Durante una crisis de ansiedad la tensión
arterial aumenta. Los desmayos se dan con tensión baja, así que es incompatible
la ansiedad con un desmayo. De hecho, ¿se ha desmayado usted alguna vez en
su vida?
- Que me vuelva loco: otra vez falso. Durante una crisis de angustia nuestras
pupilas se dilatan de forma anormal para ver mejor a nuestros lados. Esa dilatación
provoca que las imágenes no sean muy precisas y la realidad se deforme.
A usted le puede parecer que ve cosas irreales pero no es así. También puede
creer que va a hacer cosas propias de un loco (atacar a alguien, comportarse
de forma poco habitual, gritar, etc.). Esto es propio de la inseguridad
que provoca la ansiedad o las crisis de pánico. Nada más lejos de la realidad.
Lo más que le sucederá será que huirá de esa situación, nada más.
- Que me asfixie: Cuando aparece la ansiedad la respiración se vuelve más
rápida para oxigenar mejor los músculos. Como no huimos ni luchamos
lo que se produce es un efecto contrario y llega al cerebro más CO2 de la
cuenta con lo que notaremos sensación de falta de oxígeno (asfixia). En
esta ocasión sí es un miedo justificado porque pudiera darse el caso de un
desvanecimiento pero de ahí no va a pasar. Una vez desvanecidos el organismo
compensará ese exceso de CO2 respirando acompasadamente y despertaremos, jamás
nos asfixiaremos.
Bueno, pero, ¿cómo evitar estos pensamientos si aparecen espontáneamente?
Bueno, pruebe a hacer discusión cognitiva.
En el caso anterior, una persona teme ir a un supermercado. Seguramente
no es el único miedo que tiene. Si es agorafóbico es probable que tenga miedo
a casi todo, así que lo que sigue vale para todos los que en general tienen
ansiedad patológica con conductas de evitación propias de las fobias.
Ya en casa ha anticipado la situación. Se ha imaginado las peores cosas.
En el supermercado ha entrado con temor, sin confianza en sí mismo. A las
primeras sensaciones su sistema nervioso responde de forma errónea, identificándolas
con experiencias negativas anteriores. Que no le dé un ataque de pánico con
este modo de hacer las cosas es casi milagroso.
¿Qué debería haber hecho? Para empezar si sabe que tiene que ir a un supermercado
debería haber hecho relajación. También debería de haber imaginado la situación
de forma positiva viéndose a sí mismo en el supermercado tranquilo y relajado,
como tantas veces lo habrá hecho. Si hay que anticipar, ¿por qué imaginar
que volverá a pasar lo que pasó una o diez veces? ¿Por qué no imaginarse en
ese lugar como en las cientos de ocasiones en las que no ha sucedido nada?
También debería haber cortado cualquier pensamiento negativo nada más
salir de casa. Si al pisar la acera se encontró mal debió pensar: "tranquilo,
sé que es esto y cómo vencerlo" y reforzar ese pensamiento: "ya me
encuentro mucho mejor, adelante". Una vez en el supermercado debió de
razonar (discusión cognitiva) las primeras sensaciones negativas. Si se estaba
mareando debió de hacer esto:
-Me estoy mareando (pensamiento negativo automático).
-¿Qué ha sucedido otras veces?, ¿tengo algún problema físico que me haga
marearme? No, no ha sucedido nunca nada y al salir del lugar he dejado de
marearme. Tampoco tengo asma ni bronquitis crónica, ni hipotensión, ni
la glucosa baja, en resumen, nada que justifique mis mareos a no ser la ansiedad (discusión cognitiva).
-¿A qué se debe realmente lo que siento? A que la ansiedad provoca una
tensión excesiva en los músculos del cuello y estos oprimen las arterias que
riegan el cerebro dando sensación de mareo (alternativas racionales).
Probablemente la primera vez que esta persona hiciese esto lo pasaría
tan mal como otras veces. Pero a la cuarta o quinta (o centésima) vez
sus sensaciones y sus emociones empezarán a normalizarse.
También debió de reforzar sus objetivos o motivaciones. "He venido
a comprar ese disco y no me voy sin él", "me encanta la música de
este cantante". También debió de imaginarse ya en su casa, tranquilo
y escuchando ese disco. Y, por supuesto, una vez en casa debió de potenciar
lo que había hecho, "ole mis..., lo conseguí, estoy hecho un tío".
Esto es lo que vence a la ansiedad y los miedos, saber que pueden superarse.
Si no se prueba jamás a luchar, jamás se ganará.
En su lugar, es probable que ese individuo se marchase sin comprar el
disco. Mientras huía a casa no dejó de sentirse mal y una vez en casa comenzó
a culpabilizarse y a reforzar negativamente su enfermedad con pensamientos
del tipo: "estoy enfermo... soy un cobarde... jamás lo superaré... ¿qué
será de mí?...
Es lógico pensar que esta persona está machacando constantemente (tantas
veces como evite situaciones) su autoestima. Cada evitación es un paso
atrás.
Bueno, pues ya saben. Procuren hacer lo que deben y no se desanimen por
los traspiés que den. Que no les suceda como a este individuo y si tienen
que evitar una situación, no le den más importancia. Analicen que hicieron
mal pero jamás se culpabilicen por ello. Dense un margen de error y de tolerancia
con sus debilidades.
Otros tienen otras y no se "machacan" por ello.
Este texto nace del estudio de varios libros y de los apuntes de una
psicóloga y un ex-agorafóbico.
Bibliografía utilizada:
Técnicas de relajación. Joseph. R. Cautela y June Groden. Editorial Roca.
Tratamiento psicológico del pánico-agorafobia. Carmen Pastor y Juan Sevillá.
Publicaciones del Centro de Terapia de conducta.
Fuente: http://www.terra.es/pers...